miércoles, 7 de noviembre de 2007

La Mujer y el Falo

Publicado en la revista de Sexo y Literatura "Casa de Citas" Número 4.



Del “To be or not to be?” al “How to be?” en la época.


Dentro de los nuevos semblantes de mujer, está la tercera mujer como la llama Lipovetsky, una nueva figura de lo femenino que rompe con la historia de las mujeres marcadas por lo convencional, por el ideal de la mujer de su casa.

Estas mujeres a su vez están muy lejos de la postura radical del feminismo ya que finalmente es la otra cara de la misma moneda, por el contrario ‘la tercera mujer conjuga igualdad y diferencia, es aquella que consigue reconciliar a la mujer radicalmente nueva y a la mujer siempre repetida’.

La tercera mujer tiene un semblante que accede a un nuevo status social, estando marcada por el poder de la libre disposición mas allá de los imperativos sociales; y que además deja entrever que la libertad sexual ha adquirido derecho de ciudadanía para ellas.

No cabe duda que ninguna movida social ha causado tal conmoción como la emancipación femenina en nuestra época.

Este trabajo está desarrollado tomando como punto de partida la biografía sexual de una mujer en particular, considero asimismo que esta mujer forma parte de esta nueva figura de lo femenino, aunque con un modo de goce quizás más ruidoso y particular que otros, lo que a su vez, me permite hacer de este trabajo un recurso para pasear por los más intrincados recovecos de la sexualidad femenina, su relación con el falo, las preguntas y respuestas que uno se inventa frente a la tan conocida y desconocida sexualidad.


“Catherine La Grande”

Catherine Millet, crítica de arte, directora del Art Press en París, es una muy respetada intelectual del arte contemporáneo parisino y sobre quien se desarrolla este trabajo. Ella es una mujer con una clara posición de objeto de deseo, haciendo pleno uso de su derecho a serlo, como veremos más adelante.

En “El desencanto del psicoanálisis”, Jacques Alain Miller dice que quizás Freud no hubiera existido sin la Reina Victoria, en esa época victoriana marcada por una sociedad llena de prohibiciones sexuales , contraponiéndose en nuestra época abiertamente sexual y gozadora a la Reina Catalina. ‘Catalina la grande’ fue una de las mujeres mas influyentes de la historia, encontrando entre ella y Catherine una posición muy similar frente al sexo, al amor y al poder. Ambas mantienen unida la vida privada con los actos públicos y viviendo sus noches apasionadas con diversos intelectuales y pensadores de la época.


100% objeto

Al leer el libro de Catherine, “La vida sexual de Catherine Millet”, un libro hiperrealista y particular, abiertamente sexual y sin seudónimos, queda totalmente expuesto un universo de encuentros sexuales sin límites, de orgías inagotables, donde ella juega sin reparo alguno a ser el falo, el falo como eso que todos estos otros están buscando. En estos encuentros, ella es ese significante que hay de lo que no hay.

Al igual que Marylin Monroe, Catherine hace realidad el sueño de ser la única mujer de todos los hombres en estas actividades grupales, aunque a diferencia de Marylin, no como un mito sino viviéndolo en carne y hueso, con la totalidad de su cuerpo, sin tregua ni descanso, sin límite.

Catherine ubica su entrada a la vida sexual adulta como de niña se adentraba en el túnel del tren fantasma dice, a ciegas al encuentro del placer. Desde muy joven al tener que aceptar un trabajo absorbente, conflictos familiares y un sino marcado por la falta de dinero, el aire en los pulmones para ella era esa garantía de poder tener relaciones sexuales en cualesquiera circunstancias con todas las personas que se prestasen a ello. Era su forma de sacarle la vuelta a la realidad que siempre le imponía límites.

La relación con la función fálica que tenga cada mujer estará determinada finalmente por como ella responda a la modalidad lógica de la contingencia, y es a través de los encuentros sexuales grupales numerosos como ella responde a este contingente en su vida y en su libro lo dice con mucha claridad: “Ya he dejado entrever que timorata en las relaciones sociales, había hecho de las sexuales un refugio en donde me abismaba de buen grado para eludir las miradas que me incomodaban..... No he ligado nunca. En cambio yo estaba disponible en cualesquiera circunstancias sin vacilación ni reservas mentales, por todas las aberturas de mi cuerpo y en toda la extensión de mi conciencia.”

Catherine se muestra como un sujeto vacío, es más bien un objeto y son las miradas en los espacios sociales lo que no soporta, es aquí donde se pone en juego el encuentro con el deseo del Otro , en cambio en estas escenas sexuales ocupando el lugar de objeto no se tiene que enfrentar con el deseo del Otro, ella allí está separada de su sujeto.


Cosas de número

“Una conversación con mi madre provocó un pequeño trauma, solamente vuelvo a verla confesándome mientras ponía la mesa en la cocina que había tenido siete amantes en su vida. dijo mirándome, , pero había en sus ojos una timidez interrogante. Yo me en enfadé. Era la primera vez que oía expresar de viva voz que una mujer podía haber conocido a varios hombres” , dice Catherine.

Desde que empezó a tener relaciones sexuales a los 18 años, la semana siguiente empezó a participar de encuentros sexuales en grupo, la primera vez con 2 amigos y luego en grupos más grandes hasta finalmente participar de orgías de hasta 150 personas. Como un pulpo y ofreciendo cada orificio del cuerpo capaz de recibir a un hombre, ella se las ingeniaba para estar con cinco hombres a la vez y acoger a una cuarta o quinta parte de los participantes por noche.

Estos datos numéricos no los estoy tomando para hacer un ranking meramente curioso sino porque las cuestiones de número a Catherine la persiguen desde la infancia. Escuchando hablar a su madre y abuela del hecho de tener varios maridos, ella se preguntaba, ¿cuántos maridos puede tener una mujer? ¿Cuánto tiempo debe estar una casada antes de poder cambiarlo o se puede tener varios al mismo tiempo? ¿Estaría bien tener cinco, seis o quizás un numero ilimitado de maridos? Con el tiempo este pensamiento obsesivo fue suplantado por el número de hijos que tendría.

El fantasma materno aquí juega un papel fundamental. Para Catherine, al parecer frente a la pregunta ¿qué es ser una mujer?, se responde: alguien que tiene cierta cantidad de hombres en su vida, y así trata de encontrar una respuesta por el número.

El contar es una operación significante, el “cuántas veces” o “con cuántos” que se da en los encuentros sexuales con estos hombres en cadena, es quizás también una forma de cuantificar el goce, lo cual por lo general, es más común en un hombre que en una mujer, pero ¿Será cuestión de género o de posición sexuada? ¿Hasta que punto la anatomía en las formas de goce es el destino realmente? Habría que pensarlo.


El eslabón perdido

Como toda cadena, se empieza con un solo eslabón, y a ese eslabón se le va uniendo otro y otro y otro, eso es lo que fue el primer hombre en la vida de Catherine, el primer eslabón de una cadena infinita, fue el quien le presentó al segundo y ya no fueron 2 en la cama sino 3, y el número siguió aumentando y la cadena formándose. Este es quizás uno de los puntos claves para entender el porque de una ética en su elección y como se vuelven necesarias ciertas condiciones para que sea posible un encuentro sexual con ella. A ella no le importa acostarse (sea en grupo o saliendo con uno por vez) con hombres feos, guapos, bajos, altos, limpios, sucios (aunque en su libro especifica muchas veces preferir los no muy limpiecitos), galantes, chuscos, con dinero o sin donde caerse muertos, pero si hay una condición: no sale con alguien que no sea conocido por algún amigo con el que halla tenido relaciones anteriormente.

Aparentemente esta es su condición de goce; que pasen por ella estos hombres en cadena, al parecer el primero y último son lo mismo, todos son finalmente una sola cosa, son otros pero a la vez lo mismo. Hay una necesidad de continuidad, de que un cuerpo la lleve a otro y a su vez el placer de participar como un eslabón en una cadena de la cual ella forma parte, de una comunidad que no se agota.

En la lectura que hace Miller de la significación del falo dice que Lacan indica que el deseo sexual se conjuga de manera esencial con el tener, en el lado hombre con la amenaza de no tener y en el lado mujer con la nostalgia de la falta en tener (el pennisneid en Freud). Al ser una mujer un sujeto que no tiene, su deseo esta marcado por este no tener y es quizás esta la razón de la necesidad de ser un eslabón de una totalidad inagotable, la forma de intentar recuperar algo perdido en este caso personificándolo con su cuerpo.

Cuando me referí hace un momento a la necesidad de continuidad, de pasar de un cuerpo al otro, creo que esta es una forma de velar la “no relación sexual”, que no es más que el desencuentro o malentendido entre los sexos. En las orgías de Catherine no hay una sola pareja con quien lidiar encuentros y desencuentros, sino más bien una gran oferta de cuerpos de libre disposición en el momento y forma que ella requiere, es pues quizás, también una forma de no sentir la falta; en lo sexual nunca le “falta” con quien, siempre “tiene” con quien (tener) disfrutar de encuentros sexuales en esta gran cadena. La posición de Millet, va mas alla del disfrutar, e incluso pondría en duda si disfruta tanto del sexo, es mas un gozo mental de ocupar un lugar en esos encuentros q los orgasmos y el verdadero disfrute del cuerpo.

“Mujercitas” ¿Las perversas de hoy?

Me sorprendió tremendamente al hacer la búsqueda sobre “mujer y perversión” en internet, los resultados que encontré: folladas, gemidos y mucho sexo anal, como si de esto se tratara la perversión en la mujer, como si el sexo para la mujer fuera perverso sino es en posición misionero, o tuviera que ser como Hello Kiity para no serlo, es decir en la época de Google esto es lo que uno encuentra frente a “la mujer y la perversión”. Curiosa la diferencia que hubo al hacer la búsqueda de “feminidad y perversión” donde si aparecían artículos un tanto más elaborados, debates, artículos de psicoanálisis, sociedad y actualidad.

Parece que la palabra “mujer” fuera sinónimo de cualquier cosa o es que quizás la sociedad actual tampoco permite simbolizar la palabra mujer, y que es más bien lo femenino lo que ahora la reemplaza.

Luego de compartir con alguien este escrito, recibí un comentario muy apropiado que leyó hace unos años en una revista para mujeres (¿o debo decir femenina?) ... “las mujeres buenas son femeninas, las malas... son mujeres”, parece sacado de un cómic de Maitena sobre “¿qué piensan los hombres de las mujeres hoy?”. ¡Vaya fama que tenemos en esta época! La excepción a estos hombres son los transexuales que desde todas las épocas mantienen una definición de la mujer como: “Las mujeres son dulces y amables” falaz de igual forma y basada en sus propios ideales femeninos.

Aunque discrepo por razones obvias del uso que se da al término perversión en lo cotidiano, para Lacan, la perversión no es una simple desviación de la norma o moral sino una estructura en la cual el sujeto se coloca como el instrumento de goce del Otro. La perversión es una respuesta definitiva a la pregunta “¿qué quiere el Otro de mí?” , da por sentado que hay otro consistente que goza de un modo preciso y él sabe cual es la voluntad de este Otro y qué debe hacer para satisfacerla.

Nos preguntaríamos por ello si es que Catherine tiene un movimiento perverso, pero no por sus variadas y numerosas actividades sexuales ni porque en su libro se hable de gemidos y de sexo anal, sino únicamente por su posición frente al Otro, en esa certeza de responder al ¿qué quiere el Otro de mí? Y serlo.


Gozo, luego existo

Catherine goza de cómo gozan de ella y aunque lo parezca no es un goce en el cuerpo, no es un goce simplemente sexual, es un otro goce, donde el cuerpo es sólo un recurso que le permite gozar más allá de eso, de ocupar un lugar a través de todos estos sujetos, y hacerse existir cada vez al pasar por ellos.

Si el goce es algo difícil de reducir es justamente por esto, porque la sensación de pérdida de goce quizás nos enfrenta con el terror a desaparecer y cuando se goza pareciera por un instante que algo sostiene nuestra existencia, aunque sea un recurso ilusorio y que en algún punto se llega a saber.

Si hablamos de la época, definitivamente esta es la época de la caída de los ideales y por supuesto a las mujeres también se le caen los ideales, no nos escapamos de esta movida social de ninguna manera.

Esta caída de ideales implicaría que el goce queda desligado del Otro, exclusivamente de un Otro Universal. Esto permite a los individuos pasar a construir nuevas comunidades de goce muy diversas, siendo cada una creada por la identificación con un mismo modo de gozar, como en la gran cadena de Catherine.





BIBLIOGRAFíA

LACAN, Jacques. Seminario V. Buenos Aires: Editorial Paidós.
1999

LAURENT, Eric. Posiciones Femeninas del Ser. Buenos Aires: Editorial Tres Haches.
1994

BERENGUER, Enric. “La Significación del Falo”. Cuadernos del INES. Bogotá.
2004

MILLET, Catherine. La vida sexual de Catherine Millet. Barcelona: Editorial Anagrama.
2004
Traducción Jaime Zulaika, 4ª edicion 2001.

MILLOT, Catherine. Exsexo: Ensayo sobre el transexualismo. Buenos Aires: Catálogos Editora. 1984
Traducción Cristina Davie, ediciones Paradiso, 2ª edidicion 1984.

UBILLUZ, Juan Carlos. Nuevos Súbditos: cinismo y perversión en la época. Lima: IEP.
2006

9 comentarios:

Katya Adaui dijo...

Hola, Anita, mostro tu blog. Estaría bueno también si puedes postear más textos, además de los ya publicados.

Besito y mucha suerte

Anónimo dijo...

sabes cocinar y planchar?

un anonimo en silencio que mira la pared

Anna Lía dijo...

Querido anónimo... será la pared del Zen la que miras en silencio???

Richard Torchiani dijo...

Brindo por la tercera mujer!

Pero como que se demoró un poquitín en aparecer, no?

Ya estaba cansado de las (equivocadísimas) feministas

SaLudos, interesante blog
pasaré seguido

Anna Lía dijo...

salud!!!
En realidad creo q si ha tomado tiempo en que las mujeres dejen un poco esa marcha reivindicativa que las devuelve a un lugar de falta incluso peor que antes.
De toda formas el feminismo quizás haya sido una respuesta necesaria para algunas pero insuficiente para otras, creo que estamos haciendo ahora mejores inventos.

Fernando dijo...

Bienvenida al Mundo Humano La Tercera!Quienes hemos sufrido los estragos de "La Segunda" lo agradecemos.
Enhorabuena al blog!

Anónimo dijo...

Hola Ana , me encantaron tus notas, en cuanto a este panorama de la Tercera" me resulta escalofriante, No es acaso la transformacion de nuestro cuerpo en un falo lo que hace que nuestra angustia sea mayor, No es mas inteligente el camino de la verdad de la "FALTA" y mas sano?? Puede que este equivocada pero la objetivizacion no es el motivo de nuestra mayor angustia????

Anna Lía dijo...

Me gustó eso de: "El camino de la verdad de la falta...", en realidad eso es lo que la mayoría de personas (hombres y mujeres) tratan de tapar, y al tapar la falta es que aparecen los síntomas como respuesta.
En realidad la neurosis se trata de eso no?
El recorrido analítico es un buen camino hacia esa verdad de la FALTA, pero tenemos q tener en cuenta que no todas las mujeres se relacionan con la falta de la misma manera,y hoy en día menos aún.
Para algunas esta relación con la falta es intolerable, y no se trataría de inteligencia sino de síntoma creo yo.
Incluso yo diría que el síntoma sería una forma "inteligente" de hacer con eso que resulta insoportable, auqnue no siempre se escoja el que cause menos angustia y sufrimiento.

hell dijo...

Me encantó el artículo y la manera en que lo abordas mucho más! Justamente hoy reflexionando sobre cómo Freud se ve con dificultades a la hora de definir la antítesis de masculino y femenino y lo propone como equivalentes de actividad y pasividad (respectivamente). Entonces el mismo se cuestiona que esta equivalencia resulta vaga, sin sustento suficiente como para darle valor de conjetura sólida. En este momento es válido articular estas reflexiones con las de Lacan acerca de las posibles maneras de responder al goce:
De manera activa: gozar de algo del otro (algo del otro que es gozado como objeto)
De manera pasiva: ser gozado por el otro (el otro goza de algo de nosotros como objeto)
Y la última, que la puedo ubicar como la tercera mujer, que sería hacerse gozar del otro, hacerse objeto.

Incluso yendo más allá de esto, podemos analizar en el discurso histérico es el que va a ser el que tiene problemas con la omnipotencia del otro, y trabaja marcando la falta del otro, produciendo una falla, cavando en él, haciéndolo DESEAR.

La histérica castra al otro, pero hay que tener en claro que la histeria no es un síntoma, sino más bien una POSICIÓN SUBJETIVA, y se puede presentar en múltiples formas.


Una de las posibles formas de respuesta es la identificación fálica, es decir la mujer va a identificarse con ese órgano faltante, y ahí vemos a lo que llaman la “mujer promiscua” (que no se refiere a promiscuidad literal), sino en el sentido de que conquista y bota, en contraposición con la variante de la santa, o la mujer tradicional, que se ofrece pero no se entrega nunca, todos fracasan en su conquista, pues ella es muy pura.

En fin, todas estas reflexiones las pude conectar con la idea de "El camino de la verdad de la falta...", con ello queriendo decir, que no me parece que esta tercera mujer se objetivice en el puro sentido perverso, pero de cierta forma es una cierta "histeria perversa"? pues la mujer se identifica con el falo, y se vuelve el falo, pero para servirse de provocacion, provocacion castrante al amo, tomando forma de falo para hacerse desear.