
La Femme Enfant aparece en el escenario: corre descalza de un lado al otro refugiada en su ejército de soldadillos musicales que le permiten enloquecer, gritar, gemir y susurrar conquistando y seduciendo a todos los que la vemos; un ejército que al parecer está ahí para proteger su mundo de fantasías impacientes.
Poco después de cantar “Army of me” las luces de los celulares la hacen detenerse y como si formaramos las filas enemigas nos dispara con la puntería precisa de sus palabras. Calla la música: “I need to see your faces”, inmediatamente muchos bajaron sus celulares, y ella siguió: “this is not fun for me (…) I need you to be here with me”, en ese instante su demanda fue completamente satisfecha.
Sin duda nos pidió estar ahí presentes para ella: no le interesaba si habíamos pagado o no una entrada, ella requería de otra cosa, e hizo su pedido.
La posición de objeto era absolutamente insuficiente para Björk; ser fotografiada y registrada estaba muy lejos de su demanda. Se trataba más bien una demanda de amor, de pedirnos estar ahí entregados a ella y totalmente en el concierto, tal como ella lo estaba para nosotros, convirtiéndonos a todos en su pareja por una noche, una que la mire, baile y juegue incansable.
Una demanda de amor femenina por excelencia.


